lunes, 28 de febrero de 2011

Se rebelde, sigue las reglas

Hola hijo,

A lo mejor el título de esta carta resulta paradójico, pero no lo es. No he especificado que reglas debes seguir. Las reglas que debes seguir son las tuyas propias. Quiero decir que cuando admitas unas reglas como válidas, las sigas.

Las reglas más fáciles de ver son las impuestas. Alguien redacta un manifiesto de reglas a seguir y es lo que hay que hacer. Como las reglas de tráfico; todo conductor lo es porque tiene la habilidad de conducir, pero además la obligación de conocer y respetar las reglas de tráfico. Si no estás de acuerdo con alguna regla intenta comprender el objetivo final de la misma, y si al final sigues sin estar conforme, intenta cambiarla. Pero importante, mantén tu palabra, si te comprometiste a seguir unas reglas, hazlo. Siguiendo con el ejemplo de los conductores, si no estás de acuerdo con el límite de velocidad, simplemente no conduzcas o utiliza otros medios para intentar cambiar la regla (reclama o mediante movilización social), pero como comprenderás, lo que no puedes hacer es ir a la velocidad que te plazca.

Hay otras reglas, las no escritas, reglas de facto. Son complicadas, y sólo las irás descubriendo cuando recibas las consecuencias de no cumplirlas. Por ejemplo, la regla no escrita de que no puedes ligar con la novia de un amigo, la aprenderás si no la conocías el días que pierdas una amistad. Intentaré hacerte saber todas las reglas no escritas que yo he aprendido, pero te aseguro que yo sigo aprendiendo día a día.

El desconocimiento de una regla no excusa su incumplimiento. En las reglas impuestas es tu obligación conocerlas. En las no escritas, bueno, si no las conoces, emplea el sentido común.

Debes seguir tus reglas porque no hacerlo traerá consecuencias negativas. Si no sigues las reglas del colegio, suspenderás. Si no sigues las reglas de tráfico, serás multado. Pero más importante, si no sigues tus propias reglas, las reglas que hayas aceptado como válidas, estarías actuando en contra de ti mismo y no hay peor castigo que el auto-impuesto.

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